jueves, 1 de diciembre de 2011

Las Reglas en los Juegos de Rol

Bien, ya que me encanta esto del rol, y ya que me siento tan molesto con algunos comentarios de lo que es o no es bueno en un juego de rol, voy a exponer mi perra opinión, que por supuesto, creo mejor que la del resto, pero en vista de que si digo eso me llamarán egomaníaco o alguna de sus derivaciones, o tal vez soberbio o altanero, digo que es mi "humilde opinión". Má' sí, si total nadie lee este puto blog. Para cuando alguien lo lea, ya voy a haber cambiado de parecer, seguramente; no es muy importante.

En fin, como dije, voy a hablar de las Reglas en los Juegos de Rol. Pero antes, ¿qué mierda son las Reglas en general?

Son sentencias, oraciones, enunciados, o como mierda quieras llamarlos [sí, en este texto voy a decir muchas veces "mierda", así que si no te gusta, no leas más, ;)] que exponen un discurso prescriptivo que sirve como molde para accionar de determinada manera en respuesta a determinada situación. Por ejemplo, si estoy en una clase, no debo hacer algo que haga que los otros que estén en la clase conmigo se distraigan, salvo que aporte a la clase. Ésto incluye, obviamente, al profesor. Debería prestarle atención, también, y tomar apuntes de lo que anote en el pizarrón y de lo que diga. Claro, cómo no. Todas esas son reglas. Son oraciones. Dicen algo que en cierto sentido "moldea" mi actuar en determinadas circunstancias. Dichas circunstancias pueden estar explícitas o no.

Bien, ahora a relacionarlo con los juegos de rol. En los juegos de rol, los participantes imaginan un espacio ficticio (que puede corresponderse en varios puntos con el "real" o no) en el que ciertos personajes que allí se desenvuelven son controlados por ellos. A ver, en castellano: 5 tipos imaginan que 5 personas están en la Tierra Media. Cada uno de los 5 tipos controla, normalmente, e una de las 5 personas que están en la Tierra Media. Dado que esas personas son ficticias, para no crear una confusión con la "realidad", se las suele llamar "personajes". ¿Como los de las novelas, comics, series de televisión, y otros tipos de relatos en diversos formatos? Sí, exactamente. Así que ya podemos avanzar un poco más: los juegos de rol suelen girar en torno a estos personajes, tratando de delimitar las historias de las que éstos forman parte. Sí, claro, hay personajes secundarios, enemigos, y el espacio imaginado que comparten los jugadores (incluyendo al que muchos manuales llaman "master") suele presentar ciertas situaciones que ponen en aprietos a los personajes. Oh, si, ciertamente, si no hay conflicto, los personajes no harían nada, y este maravilloso y vicioso pasatiempo no sería tan entretenido y edificante en el mejor sentido de la palabra.

Si no hay conflicto, no hay historia. SI no hay historia, no hay juego.

Así que podemos ya decir que todo juego de rol tiene Participantes, Personajes, un Espacio Imaginado Compartido donde se desenvuelven los personajes, Conflictos que son los responsables de tal desenvolvimiento, y, bueno, Color: detalles con relativa importancia, que dan cierto "sabor" y/o "color" a la historia, que no son en absoluto necesarios para la resolución de la historia, pero sí para los jugadores que quieren saber con lujo de detalles cómo se desenvuelve la misma.

¿Me falta algo? Ah sí, cierto, el título de la entrada... las Reglas.

Cuando un Conflicto sucede en la ficción, en el Espacio Imaginado Compartido (que a partir de ahora es "ficción" porque no me da escribir todo eso cada vez que lo tenga que decir), debe resolverse dramáticamente. Y debe hacer que la historia se mueva, o al menos, eso sería deseable, ¿no? Pero siempre está quién quiere que su personaje (el personaje que él controla) sea un superdotado en todo... siempre alguien quiere ser el mejor. Y entonces, "te pegué un tiro", "no, mentira, lo esquivé", "¡hey, dijimos que íbamos a ser humanos normales! ¡Los humanos no pueden esquivar balas!", "Ah, ¿no? Entonces te pego un tiro, y te moriste". Pero nadie quiere morir. Diablos, qué niños. Y llegaron caídos del cielo los dados.
¿Que para qué sirven? Bueno, ya que no te diste cuenta solito... los dados sirven para resolver la situación esa de "te maté", "no, yo te maté a vos", que derivaría en una discusión sin fundamentos fuertes y que ni es divertida ni lleva a nada. Oh, pero sí que es divertido tirar los dados. La verdad, tirar un dado te hace sentir poderoso, las primeras veces. Hacer malabares con los mismos, con los poliedros platónicos (y el dado de 10 caras, que no es platónico) es genial. Sobre todo si hace que tu personaje sea genial.

Número, números, y más números. Sumas, restas, operaciones algebraicas que harían que Einstein saliera corriendo de pavor... todo eso incluído.

Y cómo interpretar los resultados de los dados en la ficción. ¿Cuándo tirarlos? ¿Qué pasa una vez tengo el resultado total? ¿Cómo lo narro? ¿Pero no se veía afectada la tirada porque tengo ésta super-habilidad/dote/virtud/beneficio/mérito/poder/etcétera? ¿Eso cómo afecta la cosa?

Diablos, muchas cosas a tener en cuenta. Las Reglas, normalmente, vienen en manuales. También las hay implícitas, como por ejemplo, no prender la tele cuando estamos jugando, o no desnudarse, o no romperle la hoja de personaje en la cara al de enfrente, etcétera. Sí, parecen obviedades, no Reglas, pero te lo juro, son Reglas, con Molde y todo en el paquete. Dice lo que se puede hacer, lo que no, y cómo se puede hacer, y cómo no, y... bueno, moldea tu accionar.

¿Qué pasa si se te atraviezan un par de orcos? ¿Que los vas a atacar? ¿Seguro? ¿Dos contra uno? Están armados hasta los dientes. Tienen armaduras también. Y de todas formas, se estaban por quedar sin comida, así que un humano para la cena, con algunas armas extra y comida de viaje seguramente, no vendrá de más. Sí, de todas formas, te van a atacar. Bueno, tirá los dados. Si sacás lo que te conviene sacar, joya: los vencés. Cómo, lo vemos luego; o mientras estás tirando, si querés hacerlo acción por acción.

Sí, todo eso son Reglas. Cuándo tirar, qué modifica la tirada, cómo se obtiene un resultado favorable, qué significa el mismo; ¿todo eso hay que tener en cuenta? ¿Y eso es divertido?

Para gustos, colores, dicen.

Y sí: a algunos les parece divertido. A otros no. A mí no. Bueno, un poco sí, he de admitirlo; pero en general no se tiene que ver todo esto por separado. La mayoría de los jugadores ya tienen la rutina de cuándo tirar asimilada. Algunos hasta tiran para saber si cagaste bien o te infectaste porque el inodoro estaba sucio. (La segunda persona de la oración anterior se refería a tu personaje, no a vos. No hagas la gran Sheldon, de The Big Bang Theory. Y como voy a seguir usando el "vos" para referirme a tu personaje, tenelo en mente...)

Así que Reglas es eso.

Y los Manuales de Reglas de los juegos... bueno, yo pienso que son eso, manuales de reglas. Pero muchos piensan que lo que yo llamo manuales de reglas son, efectivamente, Juegos de Rol. Oh, dioses, todo el mundo piensa eso, hasta yo. Y es que un vendedor no te dice "no, ésto no es un juego, ésto es sólo un manual para jugar un juego". La mayoría de la gente no entiende sino. El Monopoly es la cajita con el tablero y los billetitos, no el acto de sentarse a jugar. Y yo les pregunto, cuando hablamos de la escoba del quince, o el truco, o la generala... ¿un mazo de cartas es para jugar a truco, otro para la generala? ¿Un juego de 5 dados de seis caras es para jugar la generala, y si querés jugar a otra cosa, tenés que usar otro?

Bueno, Martín, todo muy lindo lo que decís, pero la gente no entiende eso. No quiere que lo que ellos están acostumbrados a llamar juegos sea en reslidad "juguetes".

Además, "Juguete de Rol" suena muy, muy mal.

¿Y por qué no hay mesa que jueguen igual, si varias comparten el mismo manual de reglas? Porque cada mesa tiene sus reglas de la casa, cada mesa tiene su propia interpretación de algunas reglas, cada mesa tiene que adaptarlas a los gustos de sus participantes, etcétera. O sea, cada mesa está jugando a un juego distinto.

Acá un breve lapsus: ¿saben por qué me gusta tanto Burning Wheel? Porque en el manual de reglas dice "Burning Wheel nace y muere en la mesa de juego". No existe ningún juego si no se está jugando. Esa tiene que ser la principal regla de los juegos de rol, la más importante, la que amolde el comportamiento de todos los jugadores de rol del mundo.

Fin del lapsus.

En fin, Reglas, hay muchas, y de varios tipos. La próxima vez que hable de ellas y los juegos de rol, seguramente haga relación a cómo itnerpretar los conflictos sociales. ¿Una puta tirada y ya? ¿Mecánicas específicas para resolverlos? ¿Roleo libre? ¿Mezcla de los tres? Veremos qué conviene más a cada mesa, o más bien, cada lector verá cuál se complementa mejor con su juego.
Que si bien cada juguete tiene su propia forma de hacerlo, a veces no pegan con la mesa, pero todo lo demás sí, :).

Y bueno... por último, recién leí que el "sistema" de juego, nombre que se le da a un conjunto de Reglas explícitas, de manual, normalmente entre la comunidad de jugadores (y diseñadores) de rol, decía, que el "sistema de juego" es sólo una "herramienta". Pero claro, esto salta a la vista como mentira. Salvo que tengas en cuenta que el tipo veía la palabra "juego" como yo veo la palabra "juguete". El sistema de juego no es una herramienta para jugar... es el juego en sí, flaco. El conjunto de reglas de un manual de reglas... bueno, sí, eso sí que son sólo herramientas. Pero, mierda, son herramientas muy, muy útiles, ;).

viernes, 25 de noviembre de 2011

Del miedo Artificial a perder el tiempo

“Realidad” es un concepto que no será tratado aquí. “Real” tampoco.
Aquí se tratarán los conceptos de Natural y Artificial. Empecemos por el segundo:
Es Artificial todo lo que ha pasado por la humanidad.
Es decir, todo lo percibido, todo lo moldeado, todo lo pensado, todo lo creado, todo lo que se pueda conceptualizar. Todos los conceptos.
Lo Natural es aquello que no es Artificial.
Por lo tanto, lo Natural es inconceptualizable, y a la vez no lo es, porque si lo clasifico de inconceptualizable estoy, justamente, clasificándolo, conceptualizándolo. De hecho, el mero hecho de llamarlo “Natural” está mal, pues le estoy dando un nombre, le estoy dando un concepto.
Sí, así como se deduce, lo Natural no se puede conocer ni pensar ni moldear ni nada. No se puede hacer nada con lo natural. Es absolutamente opuesto a la humanidad, pero sin ser opuesto, porque si fuera opuesto, sería algo, sería un concepto.
Lo Natural es aquello que no es humano.
Y así puedo dar muchas definiciones de Natural.
Pero hay algo que debo admitir: lo Natural tiene una denominación Artificial en tanto lo concibo como tal, es decir, en tanto es lo Natural y no lo natural. Es decir, Artificializo lo Natural al llamarlo de esa manera, al definirlo como lo hice, y al tratar de explicarlo. Y eso no está mal. Porque yo sólo puedo Artificializar lo Natural.
Lo voy a decir con otras palabras, que no son correctas, pero sirven mejor: lo natural es el árbol, ese tronco que está ahí y crece y blablablá. En tanto yo lo veo, lo estoy percibiendo, en tanto lo toco, lo estoy percibiendo, y percibir no es más que interpretar un estímulo, por lo tanto, lo estoy haciendo Artificial. El árbol en sí no deja de ser natural, pero al percibirlo, al llamarlo Árbol, le estoy agregando una dimensión más, la dimensión Artificial.
Es decir, lo Natural existe, coexiste, con lo Artificial.
Yo no sé si hay algo que modifique mi percepción. Tal vez el estímulo se vio interrumpido, tal vez malinterpreté dicho estímulo, tal vez el estímulo que me llegó no es el mismo que fue originado desde lo natural. Ni siquiera puedo saber si algo está en el medio, porque al pensarlo, ya estoy Artificializando el proceso.
De hecho, no puedo saber si lo Natural existe en primera instancia. Perdón, ¿existir? ¿Qué es eso, sino un Artificio? Sí, sí, lo sé, estoy dudando de todo, como Descartes.
Pero, de hecho, hasta estoy dudando de que esté dudando. Es decir, el dudar es de por sí un Artificio, no sé si “existe”, no sé si el dudar es “Natural”. Sólo sé que es Artificial. Que es humano.
Ahí está el quid de la cuestión. ¿Qué demonios importa si algo “existe” o no? ¿Qué demonios importa si esto es un sueño o la realidad? En palabras de un sabio albino ficcional, “la experiencia es la misma”.
Si es un sueño, si es ilusión… yo nunca me voy a enterar. ¿Por qué? Porque cuando “despierte” tampoco voy a saber si “desperté” a un sueño o a una realidad. Por tanto, si es sueño, ilusión, o realidad, da lo mismo: la experiencia es la misma.
Por tanto, no tengo excusas. Voy a aprovechar todo lo Artificial, incluída la experiencia, para actuar. Sí, actuar. Eso que, hoy en día, todos tememos. Todos tenemos “paja”, “fiaca”, vagancia. Todos tememos actuar. ¿Para qué? Pero también, es esta “fiaca” (a partir de ahora utilizaré este Artificio) la que nos impulsa u obliga a hacer otras cosas que garanticen la preservación de la energía y/o del tiempo (porque “fiaca” es “miedo de perder energía y/o tiempo”). Y estas otras cosas a veces requieren más energía y/o tiempo para ser llevadas a cabo, paradójicamente. Al fin y al cabo, una pérdida de energía y/o tiempo. El temor sólo nos hace perder energía y/o tiempo.
Vamos a moldear un poco esto… vamos a hacerlo un poco más artificial. El temor, la fiaca, nos hace perder energía cuando no aceptamos que toda energía se pierde (no hablo más de tiempo porque espero que mis lectores lo sobreentiendan, me da “fiaca” escribir ambas palabras). Al contrario que con la física y la química. Pero se pierde en tanto no la puedo volver a utilizar. Es como en Momo[1], la genial novela de Michael Ende. En ella, unos hombres grises y pequeños que están vestidos de gris y fuman cigarros grises. Dichos hombrecitos grises hablan del tiempo como si fuera dinero.
No hay que malgastar el tiempo: ¡usted tiene una reserva de mil millones de millones [et cétera] de segundos hasta el momento de su muerte! Debe ahorrar. Deje de hablar con los clientes de cómo les fue en el día. Si así procede, entonces se ahorrará –calculadora de por medio- unos quinientos millones de millones [ídem] de segundos. ¿No le parece que está perdiendo el tiempo?
, podría decirnos uno de estos amargos hombrecitos.
Así, dejamos de jugar con nuestros hijos, y les damos juguetes para que jueguen solos; así, en vez de sentarnos a la mesa y disfrutar de una agradable cena con el resto de la familia, y la acostumbrada sobremesa, nos vamos a comer a un restaurante de comida rápida. Oh, claro, pero al final, nunca nos alcanza el tiempo. El tiempo es dinero, y nunca hay suficiente dinero: por lo tanto, nunca hay suficiente tiempo. ¿Por qué? Si se supone que estoy ahorrando…
Ah, cierto, si el tiempo es dinero, entonces debe haber un banco de tiempo. El bando de los hombrecitos grises. De hecho, luego de lo que nos podrían haber dicho antes, nos pedirían que abriéramos una cuenta en su banco.
El tiempo ahorrado va a parar allí. Una hora es una flor (bonita metáfora, por cierto): es bella, y única a la vez que igual a todas las demás. Sirven para muchas cosas: cada sentimiento o recuerdo que puede llegar a generar una flor es una forma de pasar esa hora. Así, el banco es un banco de flores horarias. Éstas deben conservarse en frío (el tiempo ha de estar congelado), porque cuando dejan de estar congeladas, se marchitan y deshojan. Con una hoja de una flor horaria, los hombrecitos grises se hacen sus cigarros, que les permiten existir. Cuando dejan de fumar, es esfuman en la nada (valla juego de palabras).
Oh, perdonen, me olvidé de aclarar algo: los humanos tenemos tiempo porque el Padre Tiempo nos da flores horarias, que crecen en su jardín. El puede cortar el flujo, y el tiempo de los hombres se esfumaría. Entonces, lo hombres grises habrán de consumir hasta la última flor de su banco, y luego morir. Pero, ¿quién, entonces, regresaría el tiempo a la humanidad? El Padre Tiempo también se quedaría sin tiempo, por lo tanto, no podría hacerlo fluir el tiempo de nuevo, porque él mismo no tiene tiempo. Por eso el Padre Tiempo ha de entregar una flor horaria, es decir, una mísera hora, a una persona capaz de, en ese tiempo, abrir la bóveda del banco de los hombres grises. Porque la bóveda sirve para congelar el tiempo, es decir, las flores horarias. Si se descongelan, irán a donde debieron ir en un principio: a la humanidad. Así que esta persona debería evitar ser capturada por los hombrecitos y abrir la bóveda, que sólo puede abrirse si se la toca con una flor horaria, ya que si el tiempo no corre, el movimiento no es posible. Los hombres grises no podrán cerrarla porque su tiempo (sus cigarros) está corrupto.
Una gran metáfora para dar a entender hasta qué punto el humano teme perder el tiempo.
Como decía, esa energía y ese tiempo no los puedo volver a utilizar, porque se transformaron en otra cosa. Si quiero que no se transformen, debo depositarlas en el banco. Y así, sólo logro no poder acceder a ellos, y que otros los consuman en mi lugar. Sí, efectivamente, pierdo tiempo y energía, al querer resguardarlos, al querer acumularlos, al querer no perderlos.
Por lo tanto, el miedo a perder energía y/o tiempo, es decir, la fiaca, es lo que corrompe al ser humano. Que la humanidad quiera perder este “miedo” es mi mayor propósito. Y perder ésta fiaca es también aceptar que no existe más que lo que creo que existe, ni menos. Así es: la realidad es subjetiva, y mucho. La parte que todos consensuamos que existe es lo que podríamos llamar “realidad consensuada”. Eso es lo que estudia la ciencia: ese “paradigma” común. Eso es lo “normal”. Nada más ni nada menos. Es lo Artificial por excelencia.
Y… ¿lo Natural? Habíamos quedado en que no podemos comprenderlo, porque si hiciéramos eso, estaríamos artificializándolo. Nosotros somos Naturales de por sí, y también Artificiales en tanto nos consideramos Naturales, en tanto nos consideramos existentes, y en tanto nos pensamos. Puede que Dios exista más allá de si yo creo que exista o no, en cuyo caso es tanto Natural como Artificial. Pero jamás lo sabré, porque lo Natural escapa a mi comprensión. Por lo tanto, no importa. No me importa si Dios existe o no; yo voy a actuar en base a los Artificios a los que llamo “valores”. Punto.



[1] Ende, M (2003). Momo. Ediciones Alfaguara, Buenos Aires. Link: http://es.wikipedia.org/wiki/Momo_(novela)

lunes, 3 de octubre de 2011

Texto sin título - reflexión copada

Autor: desconocido.
Traductor: Jeremías.

Fue un accidente automovilístico. Nada particularmente fuera de lo común, sin embargo, fatal. Dejaste atrás una esposa y dos hijos. La muerte fue sin dolor. Los paramédicos hicieron su mejor esfuerzo a la hora de salvarte, pero sin éxito. Tu cuerpo estaba tan terriblemente deteriorado que estabas mejor así. Creeme.
Y ahí fue cuando me conociste.
—¿Qué… qué pasó? —me preguntaste —. ¿Dónde estoy?
—Falleciste —dije, directo al grano. No había necesidad de endulzar la cosa.
—Había un… un camión y el auto derrapó…
—Si —dije yo.
—¿Estoy… estoy muerto?
—Exacto. Pero no te sientas mal al respecto. Todos el mundo se muere tarde o temprano —respondí.
Miraste alrededor. Estábamos en la nada, sólo vos y yo.
—¿Qué es este lugar? — me preguntaste —. ¿Esto es el más allá?
—Más o menos.
—¿Eso te convierte en… Dios? — seguiste.
—Si —repliqué —. Soy Dios.
—Mis hijos… mi esposa —dijiste —. ¿Qué pasó con ellos? ¿Van a estar bien?
—Eso es lo que me gusta ver —te sonreí —. Acabás de morirte y tu principal preocupación es tu familia. Eso de recién es algo excelente.
Me miraste con fascinación. Para vos, yo no me veía como Dios. Me veía como un tipo cualquiera. Alguna vaga figura de autoridad, más un estilo de profesor de secundario severo que el todopoderoso.
—No te preocupes—te dije —. Van a estar bien. Tus hijos se van a acordar de vos como un padre genial en todos los aspectos. No tuvieron tiempo para desarrollar resentimiento contra vos. Tu esposa va a verse afligida y va a llorar tu muerte, pero en secreto va a estar aliviada. Si somos realistas, tu matrimonio se estaba cayendo a pedazos. Si te es de algún consuelo, va a sentirse muy culpable por ello.
—Ah… —parecías decepcionado —. ¿Y qué hacemos ahora? Voy al cielo, al infierno… ¿algo?
—No vas a ningún lado —te aclaré —. Vas a reencarnar.
—Así que los hindúes tenían razón —señalaste.
—Todas las religiones tienen razón a su manera. Caminemos un rato.
Me seguiste mientras empezamos a pasear por la nada.
—¿A dónde vamos?
—A ningún lugar en particular —respondí —. Sólo es agradable caminar mientras charlamos.
—Entonces… ¿cuál es el punto? —preguntaste algo incómodo —. Cuando vuelva a nacer, va a ser como empezar de nuevo de cero, ¿no? Un bebé. O sea que todas mis experiencias y mis recuerdos de esta vida ya no van a existir.
—¡Para nada! Tenés adentro tuyo todo el conocimiento y experiencias de tus vidas pasadas. Sólo que ahora no te acordás.
Paré de caminar y te agarré de los hombros.
—Tu alma es más magnífica, hermosa y enorme de lo que podrías llegar a imaginarte. La mente humana sólo puede contener una pequeña fracción de lo que sos. Es como meter tu dedo en un vaso de agua para ver si está fría o caliente. Sólo una pequeña parte de tu verdadero ser entra dentro del cuerpo, y cuando la sacás, ganaste todas las experiencias de esa vida.
Continué explicando: —Si permaneciéramos acá, empezarías a acordarte de todo. Pero no tiene sentido hacer eso entre cada vida.
—¿Cuántas veces reencarné entonces? —me preguntaste asombrado.
—Muchas. Un montón de hecho —dije —. Esta vez, cuando vuelvas, vas a ser un campesino chino en el 540 A.C.
—¡¿Eh?! ¿Me vas a mandar hacia atrás en el tiempo? —exclamaste.
—Bueno, podría decirse. El tiempo como lo conocés, sólo existe en tu universo. Las cosas son diferentes de donde vengo.
—¿De dónde venís? —repetiste.
—¡Claro! —comencé a explicar —. ¡Debo venir de algún lado! Y también hay otros como yo. Me imagino que querrás saber cómo es allá, pero realmente, no lo entenderías.
—Oh… —murmuraste algo decepcionado —. Pero pará. Si reencarno en otras épocas, ¿podría haber interactuado conmigo mismo en algún momento?
—Por supuesto. Pasa todo el tiempo. Y las dos vidas continúan su existencia sin saber que ocurrió.
—¿Y por qué ocurre de esta manera?
—¿De verdad? —te pregunté —¿En serio vas a preguntarme el sentido de la vida? ¿No te parece un poco estereotipado?
—Bueno… es una pregunta razonable —insististe.
Te miré directo a los ojos.
—El sentido de la vida, la razón por la que hice este entero universo es para que madures.
—¿Te referís a toda la humanidad?
—No, sólo a vos. Hice este universo para vos. Con cada nueva vida crecés y madurás, y te convertís en una criatura más grande y con mayor comprensión.
—¿Sólo yo? ¿Y el resto de la gente?
—No hay nadie más —te dije —. En este universo estamos sólo vos y yo.
Me miraste sin entender.
—Pero toda la gente del mundo…
—Sólo vos. Todas reencarnaciones de vos.
—Pará. ¡¿Soy cada persona que vivió en el mundo?!
—Exacto. Vas comprendiendo —dije, mientras apoyaba la mano en tu espalda.
—Soy cada humano que existió.
—Y cada humano que va a existir —añadí.
—¿Soy John Lennon?
—Y también sos David Chapman —respondí.
—¿Soy Hitler?
—Y los millones que mató.
—¿Soy Jesús?
—Y sos todos los que lo siguieron.
Hiciste silencio, mirando al vacío.
—Cada vez que heriste a alguien, te heriste a vos mismo. Cada acto de amabilidad o cariño que hiciste, te lo hiciste a vos mismo. Cada momento feliz o triste experimentado alguna vez por cualquier humano, fue experimentado por vos.
—¿Por qué? —me preguntaste con cierta indignación —. ¿Por qué hacer todo esto?
—Porque en algún momento vas a ser como yo. Porque eso es lo que sos. Uno de mi especie. Sos mi hijo.
—¿Estás tratando de decirme que soy Dios? —preguntaste incrédulo.
—No. Todavía no. Sos un feto. Estás creciendo. Una vez que vivas todas las vidas de cada ser humano a través del tiempo, vas a haber crecido lo suficiente para nacer.
—Así que el universo… —empezaste.
—Es un útero —completé tu frase —. Ahora es tiempo de que continúes con tu siguiente vida.

domingo, 18 de septiembre de 2011

El beso de una paloma

Sus cabellos ondulados eran –ahora– del color del sol.
Sus ojos, de un celeste líquido, brillaron, casi bailando al compás de mis latidos.
Coronándolos, sus cejas auguraban un futuro aún incierto, si bien esperado.
Su pequeña nariz se frunció un poco, acompañando sus labios seductores que dibujaban una sonrisa espléndida a la luz de la lámpara. En respuesta, pero simultáneamente, sus pómulos se colorearon levemente, casi con pena por lo que estaría pasando por aquella mente tan particular como lo era la suya.
¡Ah! Esas sonrisas son las que acompañan la expectativa. Ella tiene una forma algo distinta de expresar alegría.
Sus perfectas orejas se movieron, casi imperceptiblemente.
Vi cómo su alma se me iba acercando. La vi a través de las ventanas de claro azul. Sus labios tuvieron que abandonar todo intento de sonrisa, y su rostro mutó progresivamente. Me negó la vista de su espíritu por unos segundos, mas por suerte pareció cambiar de opinión a último momento. Con mi mirada fija en sus ojos, sentí sus labios tocar los míos. Ella ni yo cerramos los ojos.
Una parte de mí estaba eufórico. Quería gritar a los cuatro vientos “¡Me besó!, ¡ELLA ME BESÓ!”. Otra, por el contrario, me preguntaba si todo esto era real, o un sueño. Odio darle la razón a esta parte, pero dado que sea sueño o realidad, la experiencia es la misma… y dado que yo creo firmemente en eso… (Vale aclarar aquí que se trató de una fantasía, la más bella que cualquier hombre haya imaginado jamás.)
Otra aún, diferente con las otras dos, simplemente quería que eso no acabara nunca.
Entre el escepticismo, la alegría de conseguir lo que esperaba hacía cuatro años o más, y la paz interior más similar al nirvana que jamás experimenté, me debatí en una cuestión: ¿ella me quería? ¿O sólo era que ella se había forjado una mala impresión de mí, y que quería a esa impresión más que a mí?
La duda me carcomía. Cuando se separó, con sus mejillas al rojo vivo y sus ojos vidriosos a punto de llorar (¿tan mal beso?), la miré extrañado… ¿cómo carajo surgió esto? ¿No se suponía que ella jamás me querría en ese modo? O al menos esas eran sus palabras. Hacía un año y algo más que ella era consciente de mi sentimiento más superficial por ella. Supongo que intuyó el resto (dado que nunca fui muy capaz de ser discreto). Tuve que preguntarle:
— Palo… ¿realmente me querés? ¿O lo hiciste por lástima, por el momento?
Ella presentó turbación en su cara. Pero es que… es que yo antes le había estado hablando de que era un fracasado y con razón, que ninguna mujer jamás querría salir de “esa” manera conmigo, y otras cosas de gente que se cree la víctima de sí misma. Y ella escuchaba, y ponía cara de tristeza. Jamás me imaginé que iría a reaccionar así… claro que lo deseaba, pero como una fantasía [dentro de una fantasía, ¿no?], no como realidad. Y después… el beso. El mejor beso que nunca le han dado a un desesperado como yo. El mejor beso jamás imaginado, soñado, o recibido por alguien, en lo que a mí concierne… ¿ese beso podría ser obra de la “culpa”?
— Callate, no cagués el momento— dijo, sonriente nuevamente. Se acostó al lado mío, con su cabeza apoyada en mi regazo.
Le acaricié, lenta y suavemente (o todo lo lenta y suavemente que pude).
Le amaba. Lo quisiera o no, le amaba. ¿Podría ser otra confusión, otra obsesión? Me turbaba pensar en ello. Quise comentarlo.
— ¿Vos sabés que cuando te conocí, en el Parque de la Costa, que estábamos con Julián y Matías, yo creía estar enamorado de una chica llamada Amira? Creo que te conté de ella— asintió con su hermosa cabeza —. Bien, además de eso, yo creía que vos eras la nueva enamorada de Julián, así que no me animé ni siquiera a pensar en vos como una chica linda. Yo te veía como… bueno, te quería ver como una amiga. Aunque, internamente, era otra cosa. Las siguientes dos semanas estaba un poco calmado con respecto a Amira. Nunca supe por qué… aunque ahora lo intuyo. Va, suponiendo que no lo esté imaginando para soportar el hecho de que siento que te amo…
Me miró con cara divertida.
— ¿“Siento que te amo”? Che, eso no es muy distinto al “creo que te amo”. Y eso ya era bastante patético, jaja…
— Sí, sí. Pero… “siento” es siempre la palabra justa, sobre todo ahora. Yo no tengo dudas de que ahora siento amor por vos. Como mucho, tengo dudas de si ese amor es auténtico o es fruto del beso que me acabás de dar.
— Callate, Martín. Por favor, callate.
Su figura (diablos, ¡recién ahora me acordaba del resto de su cuerpo! Eso no coincidía con la imagen de “pajero” que yo tenía de mí mismo) esbelta y, a mis ojos, perfecta, se contorneó para adaptarse a mi cuerpo. Por algún motivo, mi pene no reaccionaba como yo lo esperaba. Yo siempre pensé: cuando me den un beso, no sé cómo voy a hacer para disfrazar mi erección. Pero no tuve una. Y, por todos los dioses, que Paloma lo valía… y no es que no me sintiera excitado… pero…
No sé. Será porque no quise arruinar esa bella fantasía con una escena de sexo. Tengo que escribirlo, pensé.
Y bien. Ahora estoy acá, luego de componer los primero párrafos (a modo de verso, en un principio), sentado frente a mi notebook, deseando con toda la fuerza de la que soy capaz que eso se convierta en realidad… pero sé que nunca pasará. Ahora el tema es: ¿qué tan cierto es eso de que la experiencia es la misma, sea sueño o realidad? Sé que esa frase se creó para quitarle importancia a la eterna pregunta de qué es o no es real, que muchos extrapolaron, generando teorías de que todo es un sueño, un sueño sin soñador, o cuyo soñador es Dios, o bueno, cualquier otra cosa.
Pero: ¿se aplicaba también a este caso? Realmente, ¿importaba o no? ¿La besé realmente a Paloma? Suponiendo que tome dicha frase como válida, incluso en este caso en particular, ¿me ayuda en algo a mejorarme? No. ¿Me ayuda de alguna otra manera? Y… todo depende del sistema de referencia, pero, en síntesis, no.
Así que no vale la pena preguntarme más por esto. Fue una simple fantasía, una muy bella, y que me pareció digna de ser escrita.
Por otro lado, continúa, aunque sólo para un párrafo final.
Recién veía su figura, su hermoso cuerpo, cubriendo tan bello espíritu, tanta belleza dentro de tanta belleza… Y tanta sensualidad… Qué suerte que tenía. Es decir… Paloma… ella… ella me había besado… ¿qué más da si muero después de eso? ¿Para qué querría vivir, si eso es todo lo que deseo?

lunes, 1 de agosto de 2011

Mi alma en palabras de un piel roja llamado Seatle

Carta Abierta al Hombre Blanco
Este documento se escribió hace más de cien años, concretamente en 1855. Su autor es Seatle, jefe de la tribu de los Dwamish, que entonces ocupaban los territorios que hoy forman el estado norteamericano de Washington. Esta carta estaba dirigida al entonces presidente de los USA, Franklin Pierce, y era la respuesta a la oferta de su gobierno de adquirir las tierras de los Dwamish.
El gran caudillo de Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El gran caudillo nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta cortesía, pues conocemos la poca necesidad que tiene de nuestra amistad. Queremos considerar la oferta, pues sabemos que, si no lo hacemos, pueden venir los hombres de piel blanca para quitarnos las tierras con armas de fuego. Que el gran caudillo de Whasington confie en la palabra del jefe Seatle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas, inmutables son mis palabras.
¿Cómo puede comprar o vender el cielo, o el calor de la tierra? Se nos hace extraña esta idea. No son nuestros la frescura del aire, ni la transparencia del agua. ¿Cómo podrían ser comprados? Lo decidiremos más tarde. Ha de saber que mi pueblo tiene por sagrado cada pedazo de esta tierra. La hoja brillante, la playa arenosa, la niebla en la oscuridad del bosque; el claro en mitad de la arboleda y el insecto zumbante, son sagradas experiencias y memorias de mi pueblo. La savia que sube por los árboles trae remenbranza del hombre de piel roja.
Los muertos del hombre de piel blanca olvidan su tierra cuando emprenden su viaje entre las estrellas. Nuestros muertos nunca se alejan de la tierra, que es la madre. Somos un pedazo de esta tierra, estamos hechos con una parte de ella. La flor perfumada; el ciervo, el caballo, el águila majestuosa; todos son nuestros hermanos. Las rocas de las montañas, el jugo de la hierba fresca, el calor corporal del potro; todo pertenece a nuestra familia.
Por eso, cuando el gran caudillo de Washington nos dice que nos quiere comprar las tierras... es demasiado lo que nos pide. El gran caudillo quiere darnos un lugar para que vivamos todos juntos. Él nos hará de padre y nosotros seremos sus hijos. Hemos de meditar sus palabras. No es fácil, pues las tierras son sagradas. El agua que salpica de nuestros ríos y marismas no es solamente agua, es la sangre de nuestros antepasados. Si le vendiésemos estas tierras, habríais de recordar que son sagradas, y tendríais de enseñar a vuestros hijos que lo son y que los reflejos misteriosos de las aguas claras de los lagos narran los acontecimientos de la vida de mi pueblo. El rumor sordo del agua es la voz de mi padre.
Los ríos son nuestros hermanos, porque nos liberan de la sed. Los ríos arrastran nuestras canoas y acunan a nuestros hijos. Si le vendiésemos las tierras, tendrían que recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son hermanos nuestros... y también suyos. Tendrían que tratar a los ríos con buen corazón.
Demasiado bien sabemos que el hombre de piel blanca no puede entender nuestra forma de ser. Tanto le hace un trozo de tierra que otro, porque como es un extraño que llega de noche a robar de la tierra lo que necesita. No ve a la tierra como una hermana, sino más bien como una enemiga. Cuando la ha hecho suya, la desprecia y sigue adelante. Deja tras él las sepulturas de sus padres y no parece lamentarlo. No lamenta despojar a la tierra de sus hijos. Olvida la tumba de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a la madre tierra y al hermano cielo como si fuesen cosas que se compran y se venden; como si fuesen ganado o baratijas. Su hambre insaciable devorará la tierra, y tras él solamente dejará un desierto...
No lo puedo entender. Nosotros somos de una manera de ser muy diferente. Vuestras ciudades hieren los ojos del hombre piel roja. Quizá sea así porque el hombre de piel roja es salvaje y no puede comprender las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre de piel blanca; ningún lugar donde se pueda escuchar en Primavera el nacer de las hojas, o el frotar de las alas de un insecto. Quizá me lo parece así porque soy salvaje y no entiendo bien las cosas. El ruido de la ciudad es un insulto para el oído. Y me pregunto: ¿qué tipo de vida tiene el hombre cuando no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza, o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la charca? Soy hombre de piel roja y no puedo entenderlo. A los indios nos deleita el ligero rumor del viento acariciando la cara de la aurora, y su olor tras la lluvia del mediodía, que trae la fragancia de los abetos.
El hombre de piel roja es conocedor del valor inapreciable del aire, pues todas las cosas respiran su aliento: el animal, el árbol, el hombre. Pero parece que el hombre de piel blanca no siente el aire que respira. Igual que un hombre que lleva días agonizando y que es incapaz de sentir su fetidez. Igualmente si les vendiésemos las tierras, tendrían que tener en cuenta de qué manera amamos al aire, porque el aire es el espíritu que infunde la vida y todo lo comparte. Si les vendiésemos las tierras, tendrían que dejarlas en paz y mantenerlas sagradas, para que fuesen un lugar donde incluso el hombre de piel blanca pudiera saborear el viento endulzado por las flores de la pradera.
Queremos considerar vuestra oferta de comprarnos las tierras. Si decidiésemos aceptarla, tendré que ponerle una condición: que el hombre de piel blanca mire los animales de esta tierra como hermanos. Soy salvaje, pero me parece que ha de ser así. He visto búfalos a miles, pudriéndose abandonados, en las praderas, el hombre de piel blanca les disparaba desde el caballo de hierro sin detenerse. Yo soy salvaje y no entiendo por qué el caballo de hierro vale más que el búfalo, pues nosotros lo valoramos mucho. ¿Qué es del hombre sin los animales? Si todos los animales desapareciesen, el hombre tendría que morir con gran soledad en el corazón. Pues todo lo que les sucede a los animales, pronto le sucede también al hombre. Todas las cosas están ligadas entre sí.
Tendrían que enseñar a sus hijos que el suelo que pisan es la ceniza de sus abuelos. Respetarán la tierra si les dicen que está llena de la vida de vuestros antepasados. Hay que hacer que vuestros hijos sepan, igual que los nuestros, que la tierra es la madre de todos. Que de cualquier mal causado a la tierra sufren sus hijos. El hombre que escupe a la tierra, se está escupiendo a sí mismo.
Hay una cosa de la que estamos seguros: la tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida, pues el mismo no es sino un hilo de ella. Está buscando su desgracia si osa romper esa red. El sufrimiento de la tierra se convierte a la fuerza en el sufrimiento de sus hijos. De eso estamos seguros. Todas las cosas están ligadas como la sangre de una misma familia.
Incluso el hombre de piel blanca, que es amigo de Dios y se pasea con él y le habla, no podrá huir de nuestro destino común. Quizá sea verdad que somos hermanos. Ya veremos. Sabemos algo que quizá algún día descubráis vosotros: que nuestro Dios es el mismo que el vuestro. Se piensan que quizá tienen poder por encima de Él y entonces quieren tenerlo sobre todas las tierras, pero eso no puede ser. El Dios de todos los hombres se compadece tanto de los de piel blanca como roja. Esta tierra es muy preciada por su Creador, y estropearla sería una gran ofensa. Los hombres de piel blanca también sucumbirán y quizá antes que el resto de las tribus. Si ensucian su cama, cualquier noche morirán sofocados por sus propios excrementos. Pero verán la luz cuando llegue la última hora y entenderán que Dios los condujo a estas tierras y les permitió su dominio y la dominación del hombre de piel roja con algún propósito especial. Este destino es verdaderamente un misterio, porque no podemos comprender qué pasará cuando los caballos hayan perdido la libertad; cuando no quede ningún rincón en el bosque sin la pestilencia del hombre y cuando encima de las verdes colinas tropiece nuestra mirada, por todas partes, con la telaraña de los hilos de hierro que llevan su voz.
¿Dónde está el bosque espeso? Desapareció. ¿Donde está el águila? Desapareció... Así se acaba la vida y empieza la supervivencia...

Creo que no es la primera vez que leo esto; pero lo ví en la página web (ya vieja) de Ricard Ibañez, un tipo español que es autor de un juego de rol llamado Aquelarre, el juego de rol demoníaco-medieval, y otro llamado El juego de rol del Capitán Alatriste. No sé si escribió otros juegos de rol, pero sí se que escribió también algunas novelas, y a los españoles parece gustarle.
Lo importante acá es que este texto me conmueve, porque es una lectura a mi alma, es el espíritu que busco tener, y es la filosofía a la que aspiro a llegar; muchos dirían que ya no vale la pena; yo les respondo con un dicho ya gastado: soñar es gratis.
Y, sólo para mencionarlo: a veces, hasta los sueños más increíbles e inverosímiles se convierten en realidad.

Para cerrar, quiero decir que yo me siento muy mal cuando veo los edificios modernos, y aún peor cuando veo los edificios ya gastados y resquebrajados, mugrientos; una sensación de melancolía me posee, y mis ojos se ponen llorosos sin llegar a romper en lágrimas; en esos momentos, sólo desearía ser un poco menos terco, y poder llorar. Para que así, luego, pueda actuar, en vez de paralizarme con melancolía y ojos vidriosos. ¿Actuar? ¿Cómo? No sé. Pero pretendo averiguarlo, de alguna manera, en algún momento... pero antes, tengo que aprender a llorar. ¿Quién me enseña?

jueves, 28 de julio de 2011

Integridad y exigenicas

¿Qué demonios es la integridad?
¿Será acaso el estar completos?
¿Será acaso el no tener excedentes?

Más que una definición, prefiero hacer (vaya, qué raro es esto en mí, xD) una acotación. En la entrada anterior, valiéndome de una autocompasión que creía "poética", expuse en palabras casi denigrantes (de seguro patéticas) mi desesperación. La verdad es que me gusta desesperar, sentirme un poeta.

Pero: ¿lo soy?

Más que publicar un nuevo poema, esto pretende ser una autoreflexión crítica. Si, como Julián lo hizo en la entrada anterior, encuentra algún elemento que se salga de la "crítica", por favor, háganmelo saber. Y, aún mejor, si pueden darme vuelta la cabeza, estaré encantado de discutir con vosotros.

Veamos. Una vez, alguien me preguntó como es mi chica ideal.
Yo le dije que dependía de 3 aspectos, a saber:
  • Físico
  • Mental
  • Social
Podría agregar un cuarto: Espiritual. Pero la verdad, como están las cosas, prefiero incluirlo en mental.
Entonces, seguimos:
  • Una chica ideal debe ser delgada, no demasiado, y no molesta una pequeña pancita sexy.
  • ¿Debería tener unos muslos bien formados? La verdad, en cuanto a lo que me gusta o no al respecto, no puedo ser muy específico; pero debe tener un culo (y, por extensión, piernas) que me guste(n).
  • De preferencia, debe ser pequeña; pequeña de estatura o de complexión. Esto descarta de por sí a las grandes tetas que bailan de un lado para otro con el caminar: no digo que no me gusten, pero no son lo que quiero, son lo que me hacen creeer que deseo. Ver en revistas un par de buenas tetas unidas a unos cuerpos pequeños y sexys me atrae, pero más por que debe hacerlo que porque lo deseo. No se si me explico, pero una cosa es "me la quiero re coger", y otra muy distinta "me encantaría abrazarte". Espero esta analogía aclare lo anterior. Se que hay casos con grandes senos y un cuerpo de complexión pequeña, y me gustó mucho cuando lo vi, pero no es para mí. Ni siquiera puedo aspirar a eso, xD .
  • Me gustan las curvas del perfil. Cómo la espalda continúa en el culo (¿alguna forma educada de decirlo, y que no suene tan mal como trasero?), esa "S" que hace, me atrae. Normalmente, esto implica todo lo anterior. No siempre. Las mujeres de revistas pornográficas son la clara excepción, y no las deseo en lo absoluto -más que para una o dos noches (xD).
  • Me gustan aquellas mujeres que presentan una piel pálida. No sé que tanto me importarían las pecas, por ejemplo, pero sé que no me siento atraído especialmente por las mujeres de piel morena.
  • Una sonrisa encantadora me mata... y unos ojos reveladores y penetrantes son un requisito excluyente, o casi.
  • La voz... basta con que no me desagrade. Pero, por ejemplo, Paloma tiene una voz preciosa, y eso es una de las muchas cosas que me gustan de ella.
Mentalmente:
  • Debe tener buen humor (y hacerme saber cuándo callarme, xD).
  • Debe ser inteligente, y de mente abierta (pero no demasiado, que debe tener sus defectos, también, :D).
  • Debe tener un pequeño complejo de inferioridad (así puedo consolarla y decirle lo buena y genial que es, xD).
  • Debe ser creativa, o con impulsos creativos espontáneos, cuando menos.
Seguro hay otros, pero no los recuerdo específicamente.

Socialmente:
  • Tiene que aprender a escucharme y consolarme y/o putearme, de ser necesario. A veces, necesito ambas cosas para continuar.
  • Debe ser proclive a esporádicas depresiones, no grosas, sino leves. Cuando digo esporádicas, quiero decir pocas, no aleatorias (casi casi que pido que sean oportunas).
  • Debe ser juguetona y seductora. Aún no sé cómo me afectarían los celos, pero por las dudas, que sólo me seduzca a mí ¬¬ . xD .
En resumen:
  • Quiero que sean frágiles. En general, pero no exclusivamente.

Bien, como habrán notado, exijo más del físico de una chica que de sus aptitudes inherentes (mentales y sociales). Pero éstas aptitudes inherentes son complejas y difíciles de encontrar juntas.

Además, sé que soy exigente. Hasta ahora, de las tres chicas que cumplían con estos parámetros (a saber, Amira Aón, Paloma Lindembaum, y Belén Prado), ninguna dio en quererme. ¿Será que pido más que lo que puedo dar? Definitivamente eso es cierto, pero no sé hasta qué punto es fundamental. Por empezar, mi atractivo físico es casi nulo. Éste no se basa tanto en el cuerpo (que, según creo, mi cara no está taaaaaaaaaaaan mal) como en las actitudes corporales.
  • Yo me muevo con brusquedad y torpeza.
  • No soy prolijo, ni a la hora de vestirme ni a la hora de afeitarme y demás.
  • A veces mis eructos y gases son lo de menos. Porque ahora ya puedo controlarlos al máximo (antes no tenía interés en hacer tal cosa, y luego, cuando sí lo tenía, me costaba hacerlo). Me meto los dedos en los oídos para sacarme la cera o simplemente rascármelos, me toco mucho la nariz (aunque casi nunca las fosas nasales, más bien por fuera), me acomodo los calzoncillos bastante seguido...
  • Y, no creo que por último, mis rollos (que sí, que tengo rollos, no me vengan que que soy flaco) me terminan por figurar como "el chico con el que no saldría jamás, pero que puedo tener de amigo". Siempre me pregunto si tengo buen aliento, y temo que la gente no me suele responder a esta pregunta, sea explícita o implícita. Mi sonrisa a veces me avergüenza (hay, cómo me gusta la diéresis), otras me da miedo; pero creo que con el pelo corto como ahora lo tengo, va bien... espero (¡GULP!)
Por otro lado, tengo una pequeña (o grande, aún no lo sé) obsesión compulsiva. No está precisamente enfocada, pero sí es molesta, a veces (o casi siempre). Corrijo a la gente todo el tiempo si se equivoca (aunque acepto cuando alguien me corrige un error a mí, aunque me lo diga de mala manera), me enojo con facilidad, o más bien, elevo el tono de voz con facilidad, lo que suele dar la falsa impresión de que me enojo. Soy muy, pero muy fetichista (no tanto sexualmente, más bien, en general: quiero rojo y rojo debe ser, otra cosa no acepto; y si ese rojo funcionó bien, no me vengas con el azul, que no es necesario si con el rojo está todo bien). Actúo como un idiota siempre que estoy hablando de algo (o con alguien) con lo que (o con quién) me siento incómodo (por ejemplo, con las chicas que me gustan). Soy bastante generalizador, y critico a los que generalizan. Siempre trato de discutir (aunque no considero eso como un defecto, en muchas situaciones eso caga una relación, o, al menos, una situación).

En fin. Estoy dispuesto a darlo todo... una vez que empiece la cosa. Nunca me animo a dar el primer paso, o por lo menos, no a tiempo. Igual, como hablé con Juli (perdón por todas esas horas que tuviste que aguantar mi auto-compasión y mi auto-condescendencia), debería ir empezando a invitar más a las chicas. Invitarlas a comer, a caminar, al Parque Rivadavia, a cualquier lado. Y tratar de no ponerme como idiota. Y que salga algo de ahí... una amiga, una confidente, o tal vez incluso ¡una amante! (que es de lo que vengo hablando).

Entonces, cuando hablo de integridad, estoy siendo en primera instancia hipócrita. Porque alguien íntegro es aquel que sabe lo que quiere y no se preocupa por ello.

Entiéndase "preocupa" como yo lo hago: "ocuparse antes de tiempo". No es que no le importe, es que, cuando llega el momento, hace lo que debe hacer para lograr lo que quiere, pero no necesita de planes, fantasìas, ni conjeturas. Lo que tampoco implica que no las tenga. Si las tiene, es un artista íntegro.

Así que, bien, he aquí mi dilema. Y, ¡oh!, musas, me han hecho pensa que, tal vez, con todos los aspectos de mi vida sea así. Por eso nunca empiezo lo que termino; por eso mi otro blog, Kantare u Lerkio, no tiene nada publicado desde hace dos meses.

¿Llegaron hasta aquí? Pues entonces, ¡ustedes sí que me quieren! =D

viernes, 24 de junio de 2011

Vuelven las mariconadas, ¡señoras y señores!

¡Sí! Luego de todo este tiempo, vuelven las mariconadas de siempre: una chica no me quiere, y sueño con otra, xD.
Y lo peor: en el sueño (la chica se llama Florencia Fosco, si no me equivoco, y tiene novio, nunca me llamó -ni me llama ahora- demasiado la atención, siempre estuvo bastante afuera de mis posibilidades, pero es muuuuuuuuy linda) estaba en una clase de nosequé, y me iba a nosedonde y me la cruzaba bajo una escalera fija. Y me sonreía, y yo la besaba. Al principio como que no me animé, pero me acordé de la chica que efectivamente me gusta (sin nombres, por las dudas) y me dije: "Otra vez no vas a ser cagón: ¡que te chupe un huevo si te dice que no!", y nos besamos, y fue tan real, que cuando desperté quise llorar y gritar como si me estuviese transformando en súper sayajin. Ahora lo veo con más humor, pero en el fondo me quiero morir. Y se que es mi culpa, y que todos (o la mayoría) me van a decir que es un bajón, pero que no me deje superar por los obstáculos, y que siga adelanta aprendiendo de mis errores. Pero qué se la va a hacer, no puedo, simplemente soy demasiado perseverante.
Saludos a todos. Suerte :)

sábado, 19 de marzo de 2011

Funny Cthulhu

Miren esta imagen y...






























¡¡¡DIGANMÉ SI NO SE CAGARON DE LA RISA!!!

lunes, 21 de febrero de 2011

Fuego, el juego de rol con doble personalidad.

Señoras y señores, he terminado (eso espero) mi primer juego de rol, con agradecimientos y todo.
Está en un archivo de Word porque al pasarlo a formato PDF los espacios se organizaban diferente, con lo que muchas cosas no quedaban como deberían quedar. Además, en el formato PDF la fuente en la que está el título del juego (una fuente pseudo-gótica) se pierde, y en cambio se muestra como una fuente normal, lo cual es absolutamente indeseable tomando en cuenta el trabajo que me costó darle una cierta estética al pie de página.
Tiene una licencia Creative Commons que impide, al igual que con este blog, que las obras derivadas de esto se comercialicen, y obliga a mencionarme como su autor. Podrán verla al final de este blog, abajo de la licencia del blog mismo.
Muchísimas gracias a todos mis amigos roleros, que en cierta medida inspiraron tanto las ideas como la mecánica. Sé que no ganaré el concurso Rolero de Hierro 2011, pero estoy orgulloso de mi trabajo.
Y sobre todo, gracias a la comunidad Salgan al Sol y a los organizadores del concurso por darme una razón para escribirlo.

sábado, 5 de febrero de 2011

Rolero de Hierro 2011



Acá unas plantillas para un concurso de diseño de juegos de rol en una semana (¡dícese el concurso más letal del plantea!).

Cuando antes dije "plantillas" me refería a esto, los Retos para "Rolero de Hierro". Di otras ideas, pero como no se hacerlas, pedí que alguien las hiciera por mí, y sólo hicieron estas dos (y muchas gracias!).
Se que sólo 3 personas leen mi blog, pero es la única manera de publicitar el concurso que poseo. Gracias de todas formas.

miércoles, 5 de enero de 2011

Digo de mí, digo por y para mí: soy Nada

Aquí estoy, y me hago el infeliz. Aquí veo la sangre correr por mis ojos, como deberían hacerlo las lágrimas. Y es que matar para morir no es una buena causa, sobre todo si ya has muerto. Situación:
Amor u obsesión, no correspondidos. Duda de ambas. Triste tragedia inventada. Muerte por suicidio… no, no vale la pena. Matar para morir… no, ¿por qué otro debe sufrir por mí? Bien, debo admitir que eso me gustaría, para variar.
Sí, las personas que me quieren de verdad sufren. Pero las personas que yo quiero que me quieran, que necesito que me quieran, no. Bueno, sufren, pero no por mí, sino a causa mía. Ahora que lo pienso, si mato para morir también morirán a causa mía, no por mí.
Existe, pues, el altruismo. Era lo anterior una pregunta. Ídem.
Bueno, entre todo esto, me matan. Muero lentamente, fue un accidente. Pero en realidad sigo vivo. Bueno, eso dicen, uno muere cuando lo olvidan, nomás.
Ver las caras de nadie, y recordar sólo a Odiseo, ver la cara de Odiseo pero no recordar la cara de nadie. Polifemo me tacha de confucionista ahora. Pero no sabe quién fue Confucio.
Buda, Zoroastro, Narithorek, Lord Ga, Nargosiprenk: todos parte de ella, ella parte de mí. Yo, nada. Yo, Dios.
Poder es lo que tienen los dioses. Foucault: “nosotros les damos el poder a quién lo ejerce sobre nosotros, así como él debe ser ejercido gracias a nosotros”.
Nietzche: “Amo a Jesús más que a Wagner, os lo aseguro”.
Valitutti: “Yo fui profesor, pero ante todo, un hobbit con habilidad tolkieniana”.